Opinión

La forzada aceptación a las reglas

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

SIEMPRE SÍ.– Bien dicen que el tiempo lo cura (casi) todo, ese parece el escenario en que se mueven las reacciones en contra de las nuevas reglas del beisbol. Lo que deviene con el tiempo se hace costumbre y esta al rato es aceptada como rutina. Al parecer, los promotores del cambio le apostaron al tiempo como aliado y así, a querer o no, los cambios se irán quedando.

Vamos, así sea que este juego hecho deporte ya no sea en parte el mismo de hace 100, 50 o 20 años, mantiene su encanto, Los cambios realizados a través de la historia, así se escuchen raros o “bizarros” o atenten contra su esencia, no lo han liquidado, no lo han hecho venir a menos o para ponernos en el contexto actual, no han provocado que deje ser de negocio.

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A poco más de dos semanas, se advierte que hay ya un poco más de aceptación a la regla de iniciar las entradas extras con un corredor en base; casi nadie le pone “peros” a la obligación de que un relevista enfrente mínimo a tres bateadores y más aún, que sí es de llamar la atención, que los tradicionalistas no estén haciendo olas por aquello de este año la liga Nacional juegue con la regla del bateador designado.

Más incluso que lo de los extrainnings, lo del BD en la Nacional llama más la atención luego de que en el viejo circuito, al parecer, se radicaba mucho del fundamentalismo sobre este tópico. Que los lanzadores bateen forma parte de la narrativa de los “románticos” de este deporte y en tanto, se hubiera esperado que los retobos por la desaparición de esta costumbre hubiera sido más extensa en tiempo y forma. Y al parecer, la cosa ha sido darle tiempo al tiempo.

EFECTOS.- Va este párrafo siguiendo el ritmo de aquella canción de Cat Stevens, Dónde jugarán los niños, mucho como reflexión luego de que los tiempos de pandemia, que han sido tiempo de encierro, han incidido entre otras cosas para detener actividades lúdicas, sí, pero que mucho tienen de formativas tal como sería el deporte infantil. La crisis sanitaria ya le puso freno al ciclo 2019-2020 y muy probablemente lo haga con el 2020-21, lo que debe entenderse como un retroceso más importante de lo que se considere a priori.

Más allá de las implicaciones que tenga que ver esto con el tema salud física y mental de los niños y jóvenes, también tiene repercusiones en el ciclo de surgimiento de nuevos valores para este deporte, para la irrupción de nuevos talentos que en algunos casos, los menos, tengan proyección para alcanzar el beisbol de Grandes Ligas. Que si nos adelantamos tantito, esto es un proceso que ya no tiene vuelta.
Campos cerrados, inactivos, son reflejo de la pandemia pero también, ampliando la perspectiva, de los efectos de las necesarias medidas que se han tomado, algo que se puede entender como el sacrificar presente en aras del futuro. Pero en el beisbol se sacrifica presente sacrificando futuro.

Y esto se agrava al escuchar al muy poco certero subsecretario de Salud diciendo que en México tendremos que lidiar con la pandemia al menos dos o tres años más. 

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